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La Opinión |
setiembre-octubre
2003 |
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Energía solar:
Los ciudadanos protagonistas |
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Manuel
de Delás
Secretario General de la Asociación de
Productores de Energías Renovables-APP
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Hace ya más de treinta años
se escucharon con fuerza las primeras voces que advertían
a la sociedad que el modelo energético de la segunda
mitad del siglo XX, basado en la combustión de
fósiles y la muleta de la energía nuclear,
es insostenible. A esas llamadas de atención se
reaccionó con timidez en la mayor parte de los
casos y todavía hoy, cuando empezamos a padecer
los efectos más elocuentes de esa insostenibilidad
como lo es el cambio climático, encontramos actitudes
muy tibias ante lo que debería ser una apuesta
decidida de toda la sociedad para ahorrar energía,
buscar la mayor eficiencia energética posible
y dotarnos de unas fuentes de energía limpias
y autóctonas: es decir, energías renovables.
Esas
tímidas reacciones de los gobiernos
occidentales ante los llamados choques del petróleo
de los años setenta abrieron por lo menos
una rendija en los, hasta entonces, herméticos
sistemas de producción de electricidad dando
paso a una diversificación que ha permitido
demostrar al mundo que hay otra manera de generar
kilovatios. Primero, las centrales minihidráulicas
y, luego, los parques eólicos han dejado en
evidencia que es posible producir electricidad con
unos impactos ambientales mínimos, evitando
la importación de combustibles fósiles
que gravan nuestra economía, creando más
puestos de trabajo y un mayor equilibrio socio-económico
al estar diseminadas por todo el territorio.
Queda
todavía mucho camino por andar en el
desarrollo de las energías renovables: la
biomasa, por ejemplo, que tiene unas inmensas posibilidades
no ha despegado y apenas existen proyectos de carácter
experimental que no son replicables. Y queda, por último,
la energía solar fotovoltaica en la que se
da la paradoja de que nuestro país, que tiene
el máximo nivel de insolación de nuestro
entrono europeo y una industria puntera, está en
el pelotón de cola en su aprovechamiento.
Hoy
por hoy, la energía solar fotovoltaica
no está llamada a tener un papel cuantitativamente
importante en la cobertura de la demanda pero sí que
le corresponde desempeñar una tarea cuantitativamente
fundamental como lo es el permitir que los ciudadanos
sean protagonistas de ese cambio de modelo energético
al que antes hacía referencia. Porque la solar
fotovoltaica es mucho más que una solución
ideal para las instalaciones aisladas —aunque
sólo esta posibilidad justifica todas las
medidas de apoyo a esta tecnología—,
es, de momento, la única que es susceptible
de que los particulares sean protagonistas de hacer
kilovatios limpios. La mayor parte de las personas
que nos consultan la posibilidad de instalar placas
en sus tejados y conectarlas a red no piensan en
un negocio sino en su contribución a respetar
el medio ambiente con sus actos cotidianos.
Ya se
han dado pasos importantes en el desarrollo de la
energía solar térmica, que nos
dotan de agua caliente y calefacción satisfactoriamente,
pero tenemos mucho camino por recorrer para favorecer
la implantación de la fotovoltaica. Desde
APPA consideramos que un factor esencial debe ser
la política fiscal que permita que las inversiones
que los particulares hagan en este ámbito
cuenten con desgravaciones como sucede en tantos
países europeos y que, por lo menos, las subvenciones
y ayudas que ahora reciben no supongan un incremento
de la base imponible, como sucede en la actualidad.
El
sol nos regala todos los días su energía,
avancemos con la contribución de todos en
recuperarla para nuestro confort y desarrollo sin
causar perjuicios al medio ambiente y limitando nuestra
tremenda dependencia exterior.
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