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La Opinión |
noviembre -
diciembre 2003 |
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¿Ventajas
de la liberalización del sector eléctrico? |
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Anna
Tardà
Responsable de la Comisión de Medio Ambiente
de la OCUC
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Hoy en día, no podemos decir que
no se hable de la liberalización del sector eléctrico;
en varios medios de comunicación se han ido difundiendo
aspectos relacionados con este tema. Aspectos que a veces
no hacen referencia directa a la liberalización
en sí, pero que son consecuencia de ella.
La cuestión es que, de todo aquello que se
está diciendo, las conclusiones que se extraen
no son demasiado positivas. Nos preocupa especialmente
la transparencia en la información y ver si
existen ventajas reales en el libre mercado.
Si nos
centramos en el punto de vista del consumidor doméstico, podemos afirmar que no existe un
mercado liberalizado al que poder acceder fácilmente.
Los precios de la electricidad resultan más
caros que en la tarifa regulada y la gran mayoría
de empresas no están interesadas en firmar contratos
con pequeños consumidores.
El 90% del mercado
sigue controlado por las grandes compañías eléctricas que, como
consumidores cualificados, nos ofrecerán el
mismo servicio a un precio más elevado. Este
aumento de precio es debido, básicamente, a
los elevados impuestos y peajes que hace falta incluir
en la tarifa eléctrica. Impuestos, la aplicación
de los cuales, en determinadas ocasiones, puede ser
discutible; nos estamos refiriendo al caso de la moratoria
nuclear. Se trata de un porcentaje que se carga a todas
las facturas de la luz; ¿tiene sentido que un
consumidor de energía verde pague una parte
de la moratoria nuclear?
Quizás sería más coherente y
positivo para el desarrollo de las energías
renovables, que este impuesto se eliminara de las facturas
de Energía Verde.
Por otro lado, los servicios
especiales que se nos pueden ofrecer al libre mercado
(como una mejor atención
al cliente o la compra de energía verde) tan
sólo nos los podrían garantizar, hoy
en día, las pequeñas empresas comercializadoras,
que tienen que luchar contra el poder de las grandes
compañías (Endesa, Iberdrola, Fenosa).
Estos
servicios específicos, que podrían
ser un punto a favor de la liberalización, son
utilizados por estas grandes compañías
simplemente como herramienta de marketing, de una forma
nada transparente. De esta manera, las posibles ventajas
de la liberalización se convierten en artificios
para que las grandes empresas puedan ganar todavía
más dinero, a expensas de crear más confusión
en los consumidores.
El ejemplo más claro y contundente es el de
la publicidad que Iberdrola está haciendo sobre
la Energía Verde. En realidad, producen y suministran
la misma energía que hasta ahora, pero ofrecen
un contrato en el que lo único que cambia es
el nombre del producto y el precio (más elevado,
por supuesto).
Con afirmaciones cómo: ““... energía
100% renovable... la tendrás en tu casa ya”, “Cada
vez que uses el secador, un prado se llenará de
flores”, y otras del mismo estilo, no sólo
dan la falsa idea que el consumidor recibirá el
100% de la energía verde, sino que, además,
fomentan el gasto energético irresponsable.
Parece que, por el hecho de consumir energía
producida por Iberdrola, se haga una contribución
inestimable a la preservación de nuestro entorno,
incluso en aspectos que no tienen nada que ver, como
es la recuperación de los prados o la protección
de los pájaros.
Los consumidores tenemos que
tener claro que aquello que realmente nos hace tender
hacia un consumo sostenible
es el ahorro energético y, en segundo lugar,
el desarrollo de fuentes de energía renovables.
Pero este desarrollo, tiene que ser real y no basado
sólo en palabras, planes y anuncios publicitarios.
Texto original en catalán
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