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  Opinión julio-agosto 2004
     
  Ordenación urbana y energía sostenible: teoría y práctica  
     
 

Herbert Girardet
Presidente de Schumacher UK
admin@schumacher.org.uk

 
     
  Las ciudades modernas son producto de la tecnología de combustible fósil: son las ciudades, y los sistemas de transporte y la producción industrial y agrícola que las proveen, las que utilizan la mayor parte de la energía del mundo. Para la vida urbana moderna es imprescindible el suministro ininterrumpido de energía. Los principales sistemas de transporte del mundo empiezan y acaban en las ciudades. Son los nodos de los cuales emana la movilidad y, además, los bajos costes del transporte han hecho que las distancias sean insignificantes y que las ciudades estén conectadas a un hinterland cada vez más global.

Si bien hay gente alrededor del mundo que disfruta de una vida urbana dinámica y privilegiada, hay graves inconvenientes que deben tenerse en cuenta: en el mundo desarrollado, los habitantes de las ciudades emiten entre 9 y 25 toneladas de CO2 per cápita al año. Millones de toneladas de CO2 emitidas por los usuarios de energía de las ciudades de todo el mundo se acumulan en la atmósfera terrestre cada año, con lo cual el cambio climático global se ha convertido en una realidad irrefutable. Además del problema de la contaminación atmosférica, se plantea la cuestión del agotamiento: en un mundo en que las reservas de gas y petróleo se agotan rápidamente, necesitamos encontrar urgentemente métodos alternativos para suministrar energía a las esponjas de combustible que son nuestras ciudades.

Esta cuestión cada vez es más urgente, porque las ciudades con un fuerte crecimiento de China y otros países asiáticos están logrando los niveles de consumo energético de Europa y los Estados Unidos. El año 2004 China superará Alemania como tercer productor de coches del mundo. Gracias a unos ingresos disponibles que aumentan rápidamente, la población urbana de China copiará los modelos malgastadores de consumo energético de las ciudades de los países desarrollados, si no es que se encuentran alternativas que demuestren que es posible disfrutar de una vida urbana confortable con un consumo energético mucho más reducido.

¿ Las grandes ciudades modernas, que son producto de la tecnología del combustible fósil, pueden funcionar con sistemas de energía sostenible? Efectivamente, una combinación inteligente de eficiencia energética, sistemas de cogeneración (producción combinada de energía y calor), energía eólica y energía solar, y la tecnología de la pila de combustible haría posible un futuro de energía urbana limpia y segura. Pero hasta ahora el ritmo de introducción de estas tecnologías ha sido demasiado lento para compensar el incremento mundial en la demanda de energía urbana que se produce cada año. Es urgente, pues, que se introduzcan de una manera mucho más vigorosa y deliberada sistemas de energía sostenible en las ciudades de cualquier parte del mundo.

Algunas ciudades europeas han tomado iniciativas significativas en esta dirección, como resultado de políticas locales y nacionales: Viena, Leipzig y otras ciudades europeas han hecho importantes inversiones para aislar un gran número de edificios y reducir de manera sustancial su consumo energético. Ciudades escandinavas como por ejemplo Helsinki, Estocolmo y Copenhague también han hecho inversiones sustanciales en tecnología de cogeneración y, de esta manera, han mejorado enormemente la eficiencia de su suministro de energía. Además, el 20% del suministro eléctrico de Copenhague proviene ahora de los parques eólicos marinos y terrestres de Dinamarca. El país se beneficia ampliamente de muchos años de apoyo activo a la energía eólica por parte de los gobiernos daneses anteriores.

El año 2000 la ciudad de Barcelona introdujo la ordenanza solar, de cumplimiento obligatorio. Todas las nuevas viviendas, oficinas, restaurantes y edificios públicos de la ciudad deben instalar sistemas solares de agua caliente si utilizan cantidades importantes. Las edificaciones antiguas también deben incorporar sistemas solares de agua caliente cuando se hacen reformas. En cualquier parte del Mediterráneo el uso de sistemas solares de agua caliente es cada vez más habitual. En algunos países «de cielo azul» como por ejemplo Israel, actualmente gran parte de las viviendas disponen de sistemas solares de agua caliente para un uso residencial. En Japón, el 10% de los habitantes tienen sus propios sistemas solares de agua caliente.

En Alemania, pese a la pluviosidad relativamente alta, las placas fotovoltaicas solares son cada vez más habituales. Esto se debe principalmente a la legislación de promoción de las energías renovables del gobierno alemán, que otorga subvenciones y aplica tarifas favorables a los propietarios de tejados fotovoltaicos. Les pagan 50 cents/kWh por vender su electricidad a la red eléctrica, un precio que es cuatro veces superior al que se paga a los generadores de electricidad convencionales. Esta política ha provocado un crecimiento masivo de la demanda de tecnología fotovoltaica solar en todo el país. Políticas similares empiezan a introducirse ahora en Austria, Francia y España.

Aún así, el mejor rendimiento energético de las ciudades conseguido gracias a este tipo de iniciativas se ve superado por el aumento del consumo de combustibles fósiles por parte del transporte privado que se ha producido en los últimos años. Este aumento se ha producido en todo el mundo desarrollado, y especialmente en los Estados Unidos y Australia, dónde la expansión urbana de baja densidad ha hecho muy difícil introducir sistemas de transporte público eficientes desde el punto de vista energético. En las ciudades con una expansión urbana de baja densidad en que la mayoría de la gente depende del coche privado sería especialmente importante introducir un sistema de propulsión diferente, como por ejemplo la tecnología de la pila de combustible, para hacer que tanto el transporte público como el privado sean a la vez menos contaminantes y más eficientes desde el punto de vista energético.

Los adelantos realmente importantes con respecto a la eficiencia energética urbana y a la introducción de sistemas de energía sostenible en las ciudades sólo se conseguirán a partir de cambios profundos en las políticas energéticas nacionales. Hemos visto que en algunos países ha habido adelantos significativos, pero es necesario hacer mucho más para que nuestras ciudades dejen de ser adictas al combustible fósil y se conviertan en sistemas sostenibles con garantía de futuro.
 
     
 
       
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