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Bajo el lema “para que no cambie
el clima, cambiemos nosotros”, el pasado mes de
diciembre se celebró en Buenos Aires la 10a Conferencia
de las Partes (COP-10) de la Convención Marco
de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático,
una cita internacional que congregó a más
de 6.000 representantes de 148 países para debatir
la mejor forma de afrontar los desafíos del calentamiento
global.
Las expectativas que muchos teníamos en los
resultados de una COP que por primera vez contaba con
una fecha de entrada en vigor del Protocolo de Kioto
no se han cumplido ni de lejos, como desgraciadamente
es habitual en estos encuentros con intereses bien
contrapuestos por parte de los diferentes países.
En
este sentido, hace falta remarcar el bloqueo por parte
de los EEUU y de los países productores
de petróleo a la hora de llegar a acuerdos en
el marco de Kioto, y más aun del “post-Kioto”,
a partir de 2012. Algunos países, como Arabia
Saudí o Qatar, se han permitido, incluso, pedir
ayudas económicas para programas de adaptación
y diversificación económica argumentando
que ellos deben adaptarse a las consecuencias de la
entrada en vigor del Protocolo de Kioto en el sentido
que este promueve la tendencia mundial a prescindir
del petróleo y de sus derivados. Tal y como
se ha expresado desde sectores ecologistas y por parte
de la propia Unión Europea, este posicionamiento
obstruccionista y demagógico es del todo reprobable
y, más aún, planteado ante una audiencia
internacional dónde son representados países
mucho más vulnerables y que realmente necesitan
adaptarse a los cambios ambientales derivados del aumento
de las emisiones, en buena parte causados por los países
desarrollados.
Ante este escenario global de posicionamientos
divergentes, se consiguió llegar a algunos resultados de
mínimos: en vistas de la creciente evidencia
que los impactos del cambio climático ya se
detectan, se aprobó el Programa de Trabajo de
Buenos Aires sobre Adaptación y Medidas de Respuesta.
Asimismo, se acordó convocar un “Seminario
de expertos gubernamentales” el próximo
mes de mayo en Bonn, diluido por las presiones de los
EEUU que convirtieron un encuentro que podía
resultar de importancia capital en un seminario de
cariz informal y no vinculante. Contrariamente, una
buena noticia para el multilateralismo en favor de
la protección planetaria fue el hecho que países
como Indonesia, Liechtenstein o Nigeria se adhirieron
al Protocolo, aumentando el número de signatarios
a 132 países.
Junto a estos tímidos acuerdos, la Conferencia
evolucionó como un foro global para científicos,
la sociedad civil, grupos ecologistas, empresas, sindicados
y otros agentes, dónde se intercambian ideas,
se hacen contactos, y se presentan informes y nuevos
hallazgos. Las ciudades, conscientes de que somos parte
del problema y a la vez parte importante de la solución,
también dijimos la nuestra.
La ciudad de Barcelona tuvo un papel activo en este
encuentro al ser invitada por el Gobierno de Buenos
Aires y por la red de ciudades ICLEI-Local Governments
for Sustainability a participar en varios actos paralelos.
Además, en esta ocasión el Estado Español
acogió, por primera vez, representantes de los
gobiernos locales y regionales en la delegación
oficial estatal en Buenos Aires; reconociendo nuestro
papel clave en este ámbito.
La reunión de los gobiernos locales y los diversos
actos celebrados en el marco de la COP-10 fue una buena
oportunidad para pedir que se reconozca la importancia
de la administración local en la reducción
de las emisiones de gases de efecto invernadero, y
para que las Naciones Unidas y los gobiernos estatales
tomaran nota de las acciones que muchas ciudades ya
hemos puesto en marcha en pro del ahorro energético
y la eficiencia energética, del fomento de las
renovables y por el impulso de una movilidad más
sostenible centrada en el transporte público,
entre otras medidas. Fue de especial gratitud el hecho
que la ciudad de Barcelona fuera seleccionada por la
Delegación de Gobiernos Locales para hacer llegar
la voz del mundo local al Plenario de la Convención.
En esta ocasión, se presentó una declaración
en la cual continuamos insistiendo para que se reconozca
el esfuerzo de muchas ciudades en este ámbito
y se instó a que todos asumimos nuestras responsabilidades
por adelantar en la mitigación del calentamiento
global.
Afrontar los retos que supone el cambio climático
no siempre es sencillo, hace falta continuar trabajando
en varios frentes puesto que el aumento de la eficiencia
energética o la reducción de las emisiones
de gases de efecto invernadero sólo toman sentido
si se hace de manera transversal, integral y coordinada.
Desde el ámbito local y desde todos los otras
sectores, hace falta unir esfuerzos y multiplicarlos
para adelantar hacia un futuro más sostenible
para nuestro planeta y las personas que lo habitamos.
Declaración
de los Gobiernos Locales [PDF]
Parar saber más,consultad la web de la Convención
Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático
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