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A medida que pasan los meses se hace
cada vez más evidente que la humanidad no
tiene otra elección que no sea un cambio de
grandes dimensiones en el ámbito de la energía.
El
consumo de energía a escala mundial crece
de manera continua: en China ha aumentado un 150
% en quince años. Economías en crecimiento
como la India y Brasil también añaden
presión al mercado de la energía. E
Indonesia, con más de 200 millones de habitantes,
hace poco que ha pasado de ser un exportador de petróleo
a ser un importador.
En la Unión Europea tenemos motivos para
preocuparnos. En el año 2000 importamos el
50 % de nuestra energía. En el Libro Verde
sobre la seguridad en el abastecimiento energético,
la Comisión Europea previó un aumento
de la cuota de importación de hasta el 70
% hacia el 2030.
Dos terceras partes de las reservas
de petróleo
mundiales se concentran en sólo seis países
del Golfo Pérsico. La subida de los precios
del petróleo no sólo refleja la inestabilidad
política y las guerras, sino también
la distancia cada vez mayor entre el consumo de petróleo
y las reservas menguantes. Las reservas de gas son
más grandes y están más bien
distribuidas, pero también en este caso una
buena parte se sitúan en Oriente Próximo,
Asia Central y Rusia. La Unión Europea sólo
es rica en carbón. Pero quemar más
carbón haría aumentar las emisiones
de gases de efecto invernadero. Desgraciadamente,
la evidencia científica del cambio climático
cada vez está más confirmada. Si no
conseguimos reducir las emisiones de CO2 y otros
tipos de gases, la humanidad deberá enfrentarse
a unos enormes costes humanos y económicos.
La
industria de la energía nuclear se presenta
a si misma como la única solución.
A pesar de todo, no gusta a la mayoría de
ciudadanos de la UE por muy buenas razones: la energía
nuclear es muy cara, es peligrosa y es éticamente
inaceptable, ya que continuamos dejando a las generaciones
futuras un legado de residuos radiactivos para los
que no hemos encontrado una solución definitiva
en los últimos cincuenta años.
Una
carrera contra reloj
En este contexto, sólo hay dos soluciones realmente sostenibles:
la eficiencia energética y las energías renovables.
Juntas tienen un potencial enorme. Aun así, se trata de
una carrera contra reloj: si queremos evitar desórdenes
ambientales y económicos, conflictos sociales y guerras,
debemos reforzar, en todos los ámbitos del consumo energético,
el desarrollo tanto de las energías renovables como de las
medidas de eficiencia energética.
El
sector de la calefacción: un gigante
abandonado
Durante la década pasada, los políticos y los medios
de comunicación europeos se concentraron en el sector de
la electricidad. A menudo, tanto la población como los medios
de comunicación hablan de la energía y la electricidad
como si se tratara de una sola cosa. La mayoría de la gente,
incluidos los responsables políticos, infravalora la cuota
de energía utilizada para la calefacción. En realidad,
la calefacción por si sola representa casi un 50 % del consumo
final de energía de la UE.
Lo mismo sucede en el ámbito de las energías
renovables. La mayoría de la gente piensa
en fuentes que proporcionen electricidad, como
los sistemas eólicos o fotovoltaicos. Pero
las energías renovables pueden sustituir
cuotas aún más grandes de energía
convencional en el sector de la calefacción.
Sólo la energía solar térmica
tiene un potencial de aproximadamente un 6 % del
consumo de energía final de la Europa de
los 25. Combinándola con la energía
geotérmica y de la biomasa, la mayor parte
de los edificios de Europa podrían cubrir
el 100 % de sus necesidades de calefacción
mediante energías renovables, con unos costes
relativamente bajos.
A pesar de todo, el crecimiento
de la energía
solar térmica y de la calefacción
renovable se enfrenta a varias barreras: poca concienciación
entre la población y el sector de la construcción,
unos costes de inversión altos que sólo
se recuperan con el paso de los años, necesidad
de una formación especial para los instaladores,
etc.
Es por todo esto que resulta fundamental que las
autoridades públicas establezcan un marco
positivo para el crecimiento del mercado.
Barcelona:
un modelo de reglamentación solar térmica
Gracias a la Ordenanza Solar aprobada en 1999, Barcelona se ha
convertido en un modelo de promoción de la energía
solar térmica. En comparación con ciudades de otros
países, Barcelona empezó con un nivel muy bajo de
uso de la energía solar térmica. Seis años
después de la entrada en vigor de la Ordenanza solar, su
impacto empieza a ser significativo. Y aún es más
importante el hecho que la adopción, por primera vez en
Europa, de la obligación de cubrir al menos una cierta cuota
de la demanda de agua caliente doméstica con colectores
de energía solar térmica ha inspirado decenas de
municipios de todas partes de España y de otros países
europeos. Cada país tiene un marco legal diferente, pero
el modelo de Barcelona ha demostrado que es políticamente
factible imponer una obligación en el campo de la energía
solar, que los ciudadanos están de acuerdo y que puede suponer
un auténtico incentivo para el mercado.
Mejorar
las ordenanzas solares
La Agencia de Energía de Barcelona está colaborando
en estos momentos en el proyecto europeo Cuestiones clave para
la energía térmica renovable en Europa (K4RES-H),
coordinado por ESTIF. Una parte de este proyecto tiene como objetivo
analizar la experiencia derivada de la normativa solar de Barcelona,
de otras ciudades españolas (también gracias a la
participación del IDAE) y de la ciudad alemana de Vellmar,
que ha establecido una obligación similar. A partir de esta
experiencia, se elaborarán y se difundirán a escala
europea unas recomendaciones para mejorar estas normativas. Un
análisis compartido como éste será de utilidad
para los municipios de toda Europa que estén considerando
la posibilidad de adoptar obligaciones en materia solar, pero también
para ciudades como Barcelona que quieran revisar y mejorar las
ordenanzas existentes.
Con todo, el reto de promover la energía
solar térmica y otras formas de calefacción
y refrigeración renovables no se puede afrontar
sólo mediante normativas vinculantes. Hace
falta un planteamiento global que incluya los edificios
existentes, la refrigeración solar, las
redes urbanas de climatización centralizada...
También son elementos importantes la concienciación
de la ciudadanía y la formación de
instaladores.
En consecuencia, el proyecto K4RES-H también
trata cuestiones como los incentivos financieros,
las estadísticas sobre calefacción
renovable y la medición de la producción
de energía de las instalaciones de calefacción
renovable.
Una
amplia coalición pide una directiva
de la UE para la calefacción y la refrigeración
renovables
Este trabajo nunca había sido tan necesario. El día
7 de abril, el Consejo Europeo de la Energía Renovable (EREC)
y WWF presentaron en una conferencia de prensa en Bruselas la Declaración
conjunta por una directiva de la UE que promueva la calefacción
y la refrigeración renovables. Esta declaración recibió el
apoyo de una amplia coalición de asociaciones empresariales
de ámbito europeo y nacional, redes parlamentarias, ONGs,
universidades, el Programa de calefacción y refrigeración
solares de la AIE y otras organizaciones de diecinueve estados
miembros de la UE. Juntas, estas organizaciones representan millones
de ciudadanos de la UE y centenares de miles de puestos de trabajo.
La
declaración hace un llamamiento a las
instituciones europeas para que llenen el vacío
legislativo europeo: tras las directivas para promover
la electricidad renovable (2001) y los biocombustibles
para el transporte (2003), ahora son necesarias
iniciativas para el sector de la calefacción,
tal y como ha afirmado la Comisión Europea.
La
declaración conjunta pide una directiva
que incluya los siguientes aspectos:
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Objetivo: incrementar la participación
de la energía renovable en el sector
de la calefacción y la refrigeración
hasta el 25 % de aquí al 2020. |
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Establecer objetivos nacionales vinculantes
para cada estado miembro de la UE, de acuerdo
con el objetivo europeo global. |
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Los estados miembros, o las autoridades locales,
deben establecer sus propios programas de apoyo,
que pueden incluir reglamentos vinculantes
(el «modelo Barcelona»), incentivos
fiscales, campañas de concienciación,
formación para instaladores, arquitectos
o proyectistas, y cualquier otra medida adecuada
por lograr el objetivo perseguido. |
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Eliminar, cuando las haya, las barreras administrativas
contra el despliegue de la energía solar
térmica, la energía geotérmica
y la energía de la biomasa. |
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Crear estadísticas fiables sobre
el sector de la calefacción y de la
participación de las energías
renovables en este sector, con el objetivo
de poder hacer un seguimiento.
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El EREC presentó esta declaración
al comisario europeo de Energía, el Sr.
Piebalgs, que reaccionó positivamente. La
Sra. Mechtild Rothe, eurodiputada alemana, anunció que
había solicitado un informe de iniciativa
para solicitar esta directiva formalmente.
Aún queda mucho camino por recorrer para
que todas las ciudades europeas sigan el ejemplo
de Barcelona. Aun así, confiamos que dentro
de pocas décadas construir nuevos edificios
sin un sistema de energía solar térmica
sea tan extraño como seria hacer ahora coches
sin cinturones de seguridad o cortar los últimos árboles
que rodean una ciudad para quemarlos. Sin duda,
hay una cosa que resulta extraña: tener
que quemar un gas y un petróleo valiosísimos
para calentar agua a temperaturas que se pueden
lograr fácilmente con un simple sistema
de energía solar.
Enlaces:
Libro
Verde sobre la seguridad en el abastecimiento
energético
Convención
marco de las Naciones Unidas sobre el
cambio climático
Asociación
para el Estudio del Pico del Petróleo
y del Gas (ASPO)
Proyecto
europeo Cuestiones clave para la
energía
térmica renovable en Europa
(K4RES-H)
Declaración
conjunta por una directiva de la UE que
promueva la calefacción y la refrigeración
renovables
Ordenanza
Solar Térmica de Barcelona
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