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  Opinión noviembre-diciembre 2005
     
  Las energías renovables como alternativa de futuro en un mundo global  
     
  José Luis García Ortega
Greenpeace
Responsable de proyectos de la campaña de energía
 
     
  El cambio climático es real y se está ocurriendo ahora; como resultado de los gases de efecto invernadero que estamos inyectando en la atmósfera, el cambio climático impacta en nuestras vidas y se espera que destruya numerosos ecosistemas naturales en los próximos años. Una subida de la temperatura media global de 2 °C o más sobre los niveles pre-industriales significaría un gran aumento de los daños a ecosistemas y la quiebra del sistema climático. Sólo con los gases que ya hemos emitido hasta hoy, tenemos asegurado un calentamiento de 1,2 o 1,3 ºC, incluso si todas las emisiones se detuvieran inmediatamente. Para mantener la temperatura media mundial por debajo del límite de los 2 ºC, nos queda muy poco tiempo para actuar. En no más de una o dos décadas, tenemos que cambiar nuestro sistema energético si queremos lograr este objetivo.

Por otro lado, la energía nuclear es tan radiactiva y peligrosa como siempre. Cada parte del ciclo nuclear tiene riesgos inaceptables, desde la minería del uranio hasta la producción de energía, o el problema sin solución de transportar y almacenar de forma segura los residuos radiactivos; por no hablar de la amenaza de la proliferación de armas nucleares. La industria nuclear trata de presentarse hoy como la solución al cambio climático, con un campaña mundial de lavado de imagen. Pero reemplazar la catástrofe ambiental causada por los combustibles fósiles por otro desastre ambiental –la energía nuclear– no es la respuesta.

Actualmente, el sector eléctrico sigue dominado por grandes centrales térmicas y nucleares. Sólo en la UE de los 25, este sector es responsable de emitir más de 1.200 millones de toneladas de dióxido de carbono (CO2) y unas 2.600 toneladas de peligrosos residuos radiactivos cada año. Además, sólo el 0,6% del petróleo, el 2% del gas, el 7,3% del carbón y casi nada del uranio mundial, caen dentro de las fronteras de los países de la Unión; razón por la cual la mayoría de la energía es importada. Esta dependencia de la energía fósil y nuclear significa que no existe garantía de suministro para el futuro.

El sector eléctrico también está en una encrucijada. Más de la mitad de las centrales eléctricas de Europa tienen más de veinte años, por el cual durante los próximos diez años el sector decidirá si su nueva capacidad estará basada en los mismos combustibles fósiles y nucleares de siempre, o, al contrario, se basará en el uso eficiente de la energía renovable. Este debate tiene lugar mientras se liberalizan los mercados de la electricidad y el gas, se negocian objetivos de reducción de emisiones más allá del primer periodo de compromiso del Protocolo de Kyoto y se discuten nuevos objetivos en la Directiva de Electricidad Renovable. Todas estas decisiones políticas determinarán si logramos el cambio energético que Europa habría de encabezar para adelantar en la lucha mundial contra el peligro del cambio climático.

Es vital que empiecen y concluyan cuanto antes las negociaciones para el segundo periodo de compromiso (2013-2017) del Protocolo de Kyoto, continuando con los límites absolutos de reducción de emisiones para los países industrializados y reforzándolos hasta al menos una reducción global del 30% para el tercer periodo de compromiso (2018-2022). Greenpeace exige a los gobiernos europeos que hagan todos los esfuerzos para que EE.UU. y Australia vuelvan al acuerdo de Kyoto, pero hace falta seguir adelantando, independientemente de lo que haga EE.UU.

Greenpeace y el instituto alemán DLR han realizado un estudio sobre el suministro de energía, que muestra cómo Europa puede liderar el camino hacia un futuro sostenible basado en la energía limpia. El escenario de Greenpeace demuestra que es posible eliminar la energía nuclear y reducir intensamente las emisiones de CO2, y acercarse a la eliminación de los combustibles fósiles al lograr una reducción de emisiones del 80% para 2050. Estos objetivos se logran en relativamente poco tiempo sin usar opciones tecnológicas (como por ejemplo el “carbón limpio”), que acaban siendo callejones sin salida, absorbiendo recursos de las soluciones reales que ofrecen las energías renovables. Aunque hay muchas opciones técnicas para poder cumplir los objetivos de Kyoto a corto plazo, su potencial puede ser limitado a largo plazo. Para cumplir los objetivos de largo plazo (2050) hace falta tomar opciones claras y precisas hoy.

El escenario de revolución energética que plantea Greenpeace demuestra que las energías renovables, combinadas con la eficiencia energética, son la solución. Podemos cambiar a la energía limpia salvando el clima, protegiendo nuestra economía de las fluctuaciones de los mercados energéticos mundiales y proporcionando a las generaciones futuras un acceso seguro a la energía. El escenario de Greenpeace demuestra que, a largo plazo, la energía renovable será más barata que las fuentes convencionales de energía y reducirá la dependencia de los precios de los mercados mundiales de combustibles fósiles y nucleares de importación. El rápido incremento de las tecnologías renovables dará lugar a una gran inversión en nuevas tecnologías. Este crecimiento de un mercado tan dinámico dará lugar a un cambio en las oportunidades de ocupación, donde los nuevos campos ocupacionales de las empresas de energías renovables sustituirán a los de las empresas de las energías convencionales. Se espera que las renovables proporcionen unos 700.000 puestos de trabajo en el campo de la generación eléctrica para 2010 en los países europeos.

Finalmente, el escenario de Greenpeace también indica que nos queda muy poco tiempo para lanzar la industria renovable en todos los países. Un retraso de incluso unos pocos años hará imposible llegar a los necesarios objetivos de reducción de CO2. Greenpeace pide a todos los políticos y gobernantes, así como al sector eléctrico, que inviertan en nuestro futuro y actúen ya.

Estamos asistiendo al amanecer de la revolución de la energía renovable. El sol acababa de emerger sobre el horizonte de esta revolución, pero aún le queda un largo camino hasta lograr el cenit.
 
     
 
       
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