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Opinión |
enero-febrero
2006 |
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Observar, conocer,
concertar, actuar y resolver |
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Frederic
Ximeno
Estudio Ramon Folch
Jefe de proyectos |
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Según el diccionario, observar significa
mirar con una atención seguida, y significa también
notar, advertir. Para pasar a la acción y resolver
problemas es imprescindible hacerlo con conocimiento
de causa. Y por esto hace falta, antes, una mirada atenta
y continuada. Para los problemas complejos hacen falta
soluciones complejas y concertadas. No es suficiente
con la intuición. Actuar con conocimiento de causa,
fijar objetivos mesurables, socializar la información
para concertar la acción y buscar sinergías
debería ser el proceso natural para la acción
pública. Desgraciadamente, no siempre es así.
Por eso, la creación del Observatorio de la Energía
de Barcelona es una buena noticia en dos sentidos: en
primero lugar, porque es una buena señal que indica
que la energía nos preocupa, que hace falta incorporarla
a la agenda ciudadana y política; en segundo lugar,
porque tendremos información veraz y continuada
al alcance de todo el mundo para orientar y concertar
la acción. Una acción compleja que nos
ha de implicar a todos: proveedores, agentes socioeconómicos,
administraciones y ciudadanía.
Ciertamente, el
modelo energético nos debe
preocupar: por las evidencias cada día más
sólidas del cambio climático y la necesidad
de cumplir con los compromisos internacionales de reducción
de gases con efecto invernadero; por la rarificación
del petróleo que hace divisar una más
que posible crisis de precios; por la crisis del modelo
de movilidad basado en el vehículo privado,
que además de otras disfunciones económicas
ambientales y territoriales, supone uno de los principales
sectores consumidores de energía en conjunto,
y de la fracción no renovable en particular;
o por la liberalización del mercado energético
y el mercado de emisiones, que generan cambios sustanciales
en el sistema energético.
Por todo esto, Barcelona
se ha dotado del Plan de Mejora Energética de Barcelona (PMEB) que fija
objetivos concretos y mesurables en el ámbito
de la generación y el consumo energético;
en el desarrollo de las energías renovables;
y en la reducción de las emisiones de gases
con efecto invernadero. Conocer los adelantos y retrocesos
y, sobre todo, sus motivos, es un elemento fundamental
por evaluar si adelantamos en la dirección correcta;
para el despliegue de los programas y proyectos que
establece; para promover el cambio de hábitos
necesario. El PMEB explicita dónde queremos
ir y como hacerlo. El Observatorio pone al alcance
de todo el mundo qué resultados obtenemos y
hacia dónde nos llevan. Un círculo virtuoso
que hace falta cerrar con la acción pública,
la acción privada y la acción personal.
En
definitiva, para mejorar la competitividad y el ambiente,
hace falta abordar procesos de mejora de
la eficiencia energética y la reducción
de la dependencia de los combustibles fósiles.
Los resultados, aun cuando predecibles, se instalan
en un sistema complejo que no se comporta linealmente.
Hace falta, por lo tanto, observar y poner al alcance
de todo el mundo una información veraz que nos
permita advertir cuáles son nuestros adelantos
y retrocesos. En definitiva, para hacer el seguimiento
del avance sostenibilista del modelo energético
de la ciudad.
Los balances energéticos se soportan a partir
de un número limitado de datos fiables y se
desarrollan fundamentalmente a partir de estimaciones
indirectas. Este panorama, que puede parecer poco alentador,
se compensa con una larga tradición metodológica
de cálculos a partir de estimaciones indirectas.
La falta de información no exime de la necesitad
de establecer una aproximación consistente y
razonable del balance energético de la ciudad.
Este balance es esencial tanto para la planificación
y su seguimiento, como para generar progresivamente
una cultura energética mayor.
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