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Desde hace años se
oye decir que la atmósfera se calienta, que
cada vez llueve menos, que en los trópicos se
forman más huracanes y que los hielos de los
polos se funden cada vez más rápidamente. ¿Qué hay
de cierto en todas estas noticias? ¿Nos podemos
fiar de todas ellas con el mismo grado de confianza?
Las
afirmaciones que se hacen desde el mundo de la ciencia
no suelen ser opiniones, que también
hay, sino que están basadas en hechos objetivables
y en medidas reproducibles. En este contexto, es
indudable que la concentración atmosférica
de CO2 y de otros gases con efecto invernadero
está aumentando en todas partes, y que esto
comporta que la atmósfera sea menos transparente
a la radiación terrestre y se caliente. Este
calentamiento lo ha calculado la Organización
Meteorológica Mundial a partir de las medidas
de muchos observatorios meteorológicos repartidos
por todo el mundo, concluyendo que el calentamiento
medio en todo el globo durante el siglo XX es de
0,6 ºC. Que la atmósfera esté más
caliente implica que pueden cambiar algunos de los
patrones de circulación de las masas de aire
y, en consecuencia algunas corrientes marinas, lo
cual parece probable que induzca cambios en aquello
que denominamos clima.
Es difícil saber a qué conducirán
estos cambios. Los modelos matemáticos que
los simulan todavía no tienen suficiente resolución
espacial y temporal como para elaborar predicciones
fiables. Parece ser, sin embargo, que la celeridad
de los cambios será en algunos casos superior
a la capacidad de adaptación de los sistemas
naturales y sociales. Por eso, las formas de actuar
delante del problema comportan dos estrategias: la
adaptación a los cambios y la mitigación
de las causas.
La combustión de los combustibles fósiles
produce de forma natural CO2,
lo que explica el interés que tiene
el uso de fuentes energéticas no fósiles
para la concentración atmosférica
de este gas. El progreso que se ha logrado
a partir la revolución industrial,
que para algunas personas genera lo que se
conoce cómo “era de la energía”,
están fundamentados al disponer de
fuentes energéticas concentradas,
como el carbón (1),
el petróleo (2) o,
más modernamente, el gas natural, todos ellos combustibles fósiles,
que durante millones de años encapsulan la energía del
sol en restos de plantas y organismos vivos, los cuales al morir se
descompusieron y quedaron enterrados en capas de rocas, arena y barro,
y poco a poco, formaron los reservorios de combustibles fósiles
depositados en la corteza terrestre. Desde entonces suponen la fuente
barata y, hasta ahora, abundante, de combustibles fundamentales por
el transporte y por la generación de electricidad.
Actualmente
los combustibles fósiles proporcionan
alrededor del 80% de la energía que se consume
en todo el mundo. Se calcula que en el año
2020 las necesidades energéticas del mundo
serán del orden de 600 quads (3),
frente a los aproximados 400 quads de consumo en el año 2005.
Las emisiones de CO2 que corresponderán a este
aumento de las necesidades energéticas serán también
proporcionales, y encontrar la fuente que proporcione esta cantidad
de energía será una tarea muy difícil. El transporte
será el primer motor del aumento del uso del petróleo,
mientras que el aumento del consumo del gas natural se deberá de
a la generación de energía eléctrica y a los
requerimientos industriales. A banda que se puede intentar gestionar
este aumento de forma que sea menor a partir de estrategias de ahorro
fruto del uso de nuevas tecnologías, si el crecimiento de
las necesidades de petróleo no comporta un cambio en las fuentes
de abastecimiento habrá un doble colapso: medioambiental,
fruto de las emisiones; y de abastecimiento, puesto que las reservas
y la capacidad de producción de los países productores
de petróleo son limitadas.
Por lo tanto, las medidas que se
tienen que llevar a cabo para paliar el cambio climático son
medidas fundamentalmente estructurales, que afectan
el sistema de abastecimiento de la energía
eléctrica, la movilidad, la construcción,
etc. Las actuaciones que se tienen que llevar a cabo
para adaptarse a los impactos también, como
obras de protección de la costa, o sistemas
de construcción bioclimáticos. Pero
también, a escala individual podemos manifestarnos
con actitudes y actuaciones que ayudan, ciertamente
de manera muy exigua, a disminuir la presión
sobre la atmósfera y su composición.
Desde un punto de vista medioambiental, toda política
de ahorro doméstico es buena. El ahorro de
agua, el ahorro de energía, son actitudes
que ayudan al recibo de final de mes y que también
ayudan a poner menos tensión sobre el medioambiente,
en general.
Por lo que respecta específicamente a las
cuestiones relacionadas con el calentamiento de la
atmósfera y el cambio climático, son
positivas todas aquellas acciones que ayudan a gastar
menos energía, sea ésta energía
eléctrica como asociada al transporte. La
utilización de los medios de transporte públicos,
en contraposición a los medios de transporte
privados, hace que las emisiones por persona transportada
y kilómetro sean menores. Así, las
emisiones per capita que producimos cuando vamos
en transporte privado son más grandes que
cuando vamos en transporte público y, en ambos
casos, son inferiores a si vamos con avión.
Lo mismo pasa con las mercancías. En el mundo
del comercio internacional, y con los precios relativamente
pequeños del transporte, podemos adquirir
productos alimentarios y de consumo que vienen de
cualquier parte del mundo. Exclusivamente desde la
perspectiva del impacto de un determinado acto de
consumo sobre la composición atmosférica,
si consumimos productos elaborados o cultivados cerca,
estamos minimizando los impactos que sobre aquel
producto produce el transporte.
En la vivienda, la
instalación de obtención
de agua caliente a partir de la energía del
sol, cuando sea posible, es una acción beneficiosa
para la atmósfera. Tener la vivienda bien
aislada ahorra energía y mejora el confort.
La utilización de las persianas para proteger
del sol de verano las viviendas, puede ser un método
complementario a la instalación de aire condicionado.
Finalmente,
la posición activa y responsable
del individuo hacia los responsables políticos,
para que hagan su trabajo adecuadamente y con eficiencia
y responsabilidad, también respecto a las
cuestiones del calentamiento de la atmósfera,
es una última acción que no por modesta
es menos importante para la gestión del problema.
________________________
(1) El
carbó ja era conegut pels romans i pels
xinesos, molts abans de Crist, i s’utilitzava
principalment per cuinar i per escalfar.
(2) La primera extracció de
petroli i, conseqüentment, de gas natural
data de 1859 a Titusville, Pennsylvania, als
Estats Units.
(3) 1 quad 1,06x1018 joules.
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