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  Opinión julio-agosto 2006
     
  ¿Cambia el clima?  
     
  Josep Enric Llebot
Universidad Autónoma de Barcelona
Catedrático de Física

 
     
 

Desde hace años se oye decir que la atmósfera se calienta, que cada vez llueve menos, que en los trópicos se forman más huracanes y que los hielos de los polos se funden cada vez más rápidamente. ¿Qué hay de cierto en todas estas noticias? ¿Nos podemos fiar de todas ellas con el mismo grado de confianza?

Las afirmaciones que se hacen desde el mundo de la ciencia no suelen ser opiniones, que también hay, sino que están basadas en hechos objetivables y en medidas reproducibles. En este contexto, es indudable que la concentración atmosférica de CO2 y de otros gases con efecto invernadero está aumentando en todas partes, y que esto comporta que la atmósfera sea menos transparente a la radiación terrestre y se caliente. Este calentamiento lo ha calculado la Organización Meteorológica Mundial a partir de las medidas de muchos observatorios meteorológicos repartidos por todo el mundo, concluyendo que el calentamiento medio en todo el globo durante el siglo XX es de 0,6 ºC. Que la atmósfera esté más caliente implica que pueden cambiar algunos de los patrones de circulación de las masas de aire y, en consecuencia algunas corrientes marinas, lo cual parece probable que induzca cambios en aquello que denominamos clima.

Es difícil saber a qué conducirán estos cambios. Los modelos matemáticos que los simulan todavía no tienen suficiente resolución espacial y temporal como para elaborar predicciones fiables. Parece ser, sin embargo, que la celeridad de los cambios será en algunos casos superior a la capacidad de adaptación de los sistemas naturales y sociales. Por eso, las formas de actuar delante del problema comportan dos estrategias: la adaptación a los cambios y la mitigación de las causas.

La combustión de los combustibles fósiles produce de forma natural CO2, lo que explica el interés que tiene el uso de fuentes energéticas no fósiles para la concentración atmosférica de este gas. El progreso que se ha logrado a partir la revolución industrial, que para algunas personas genera lo que se conoce cómo “era de la energía”, están fundamentados al disponer de fuentes energéticas concentradas, como el carbón (1), el petróleo (2) o, más modernamente, el gas natural, todos ellos combustibles fósiles, que durante millones de años encapsulan la energía del sol en restos de plantas y organismos vivos, los cuales al morir se descompusieron y quedaron enterrados en capas de rocas, arena y barro, y poco a poco, formaron los reservorios de combustibles fósiles depositados en la corteza terrestre. Desde entonces suponen la fuente barata y, hasta ahora, abundante, de combustibles fundamentales por el transporte y por la generación de electricidad.

Actualmente los combustibles fósiles proporcionan alrededor del 80% de la energía que se consume en todo el mundo. Se calcula que en el año 2020 las necesidades energéticas del mundo serán del orden de 600 quads (3), frente a los aproximados 400 quads de consumo en el año 2005. Las emisiones de CO2 que corresponderán a este aumento de las necesidades energéticas serán también proporcionales, y encontrar la fuente que proporcione esta cantidad de energía será una tarea muy difícil. El transporte será el primer motor del aumento del uso del petróleo, mientras que el aumento del consumo del gas natural se deberá de a la generación de energía eléctrica y a los requerimientos industriales. A banda que se puede intentar gestionar este aumento de forma que sea menor a partir de estrategias de ahorro fruto del uso de nuevas tecnologías, si el crecimiento de las necesidades de petróleo no comporta un cambio en las fuentes de abastecimiento habrá un doble colapso: medioambiental, fruto de las emisiones; y de abastecimiento, puesto que las reservas y la capacidad de producción de los países productores de petróleo son limitadas.

Por lo tanto, las medidas que se tienen que llevar a cabo para paliar el cambio climático son medidas fundamentalmente estructurales, que afectan el sistema de abastecimiento de la energía eléctrica, la movilidad, la construcción, etc. Las actuaciones que se tienen que llevar a cabo para adaptarse a los impactos también, como obras de protección de la costa, o sistemas de construcción bioclimáticos. Pero también, a escala individual podemos manifestarnos con actitudes y actuaciones que ayudan, ciertamente de manera muy exigua, a disminuir la presión sobre la atmósfera y su composición. Desde un punto de vista medioambiental, toda política de ahorro doméstico es buena. El ahorro de agua, el ahorro de energía, son actitudes que ayudan al recibo de final de mes y que también ayudan a poner menos tensión sobre el medioambiente, en general.

Por lo que respecta específicamente a las cuestiones relacionadas con el calentamiento de la atmósfera y el cambio climático, son positivas todas aquellas acciones que ayudan a gastar menos energía, sea ésta energía eléctrica como asociada al transporte. La utilización de los medios de transporte públicos, en contraposición a los medios de transporte privados, hace que las emisiones por persona transportada y kilómetro sean menores. Así, las emisiones per capita que producimos cuando vamos en transporte privado son más grandes que cuando vamos en transporte público y, en ambos casos, son inferiores a si vamos con avión. Lo mismo pasa con las mercancías. En el mundo del comercio internacional, y con los precios relativamente pequeños del transporte, podemos adquirir productos alimentarios y de consumo que vienen de cualquier parte del mundo. Exclusivamente desde la perspectiva del impacto de un determinado acto de consumo sobre la composición atmosférica, si consumimos productos elaborados o cultivados cerca, estamos minimizando los impactos que sobre aquel producto produce el transporte.

En la vivienda, la instalación de obtención de agua caliente a partir de la energía del sol, cuando sea posible, es una acción beneficiosa para la atmósfera. Tener la vivienda bien aislada ahorra energía y mejora el confort. La utilización de las persianas para proteger del sol de verano las viviendas, puede ser un método complementario a la instalación de aire condicionado.

Finalmente, la posición activa y responsable del individuo hacia los responsables políticos, para que hagan su trabajo adecuadamente y con eficiencia y responsabilidad, también respecto a las cuestiones del calentamiento de la atmósfera, es una última acción que no por modesta es menos importante para la gestión del problema.

________________________

(1) El carbó ja era conegut pels romans i pels xinesos, molts abans de Crist, i s’utilitzava principalment per cuinar i per escalfar.
(2) La primera extracció de petroli i, conseqüentment, de gas natural data de 1859 a Titusville, Pennsylvania, als Estats Units.
(3) 1 quad 1,06x10
18 joules.

 
     
 
       
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