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El gran apagón de
julio en Barcelona ha puesto de manifiesto la debilidad
del sistema de distribución eléctrico
ante incidentes graves. El lamentable espectáculo
de acusaciones mutuas entre los responsables de las
empresas implicadas, REE y Fecsa-Endesa, no ha hecho
más que aumentar la desconfianza entre los usuarios.
Mientras tanto, miles de personas afectadas han tenido
que sufrir horas y días sin servicio eléctrico,
servicio que, por otra parte, pagamos religiosamente
cada dos meses en la factura correspondiente. Y, después,
la segunda parte, presentar las reclamaciones por la
interrupción del servicio y por los daños
y perjuicios ocasionados para cobrar las indemnizaciones
correspondientes.
Es evidente que la posibilidad de un incidente, o de
un accidente, siempre estará presente; pero en
un país como el nuestro que se auto proclama desarrollado
y moderno, la capacidad de respuesta ante hechos como éste
debe ser mucho mejor y más rápida para
minimizar los daños. Esto debe empezar por una
buena previsión y por el buen mantenimiento y
la renovación de las infraestructuras. ¿Dónde
se invierten los beneficios millonarios de las empresas
eléctricas, por cierto anunciados al día
siguiente del apagón?
Pero no todo acaba aquí. Según los datos
de la Agencia de Energía de Barcelona, el consumo
de electricidad en la ciudad ha crecido una media del
5% anual en el período 1999 – 2004 y, si
no se toman medidas, la tendencia es al alza. Probablemente,
la instalación de un gran número de equipos
de climatización en los edificios los últimos
años, ha contribuido notablemente a este aumento
y ha cambiado el perfil de la demanda eléctrica,
produciendo picos de consumo en verano.
Ahora que se habla
tanto del cambio climático
y parece que ya es un hecho aceptado, incluso por la
clase política y empresarial, es hora de actuar
en todos los niveles para contribuir a minimizar sus
efectos. La generación de la electricidad que
se consume en la ciudad de Barcelona es responsable
del 21% del total de las emisiones de gases de efecto
invernadero. ¿Qué papel puede jugar el
usuario doméstico para mejorar esta situación?
Como
consumidores domésticos a menudo nos pensamos
que no podemos hacer nada, que la solución a
los problemas de suministro eléctrico debe venir
de las empresas y de la administración. Esto
es cierto, en parte, pero también cada uno de
nosotros debe asumir su responsabilidad. En definitiva
se trata de poner en marcha medidas de ahorro y de
eficiencia energética en nuestro hogar. Para
hacerlo tenemos al alcance opciones diversas, algunas
muy sencillas de llevar a la práctica y económicamente
asequibles. Pensamos, por ejemplo, en los electrodomésticos
eficientes (clase energética A), las bombillas
de bajo consumo, el control de la temperatura de los
sistemas de climatización, etc., sólo
hace falta informarse. También son muy importantes
las buenas prácticas de uso de los electrodomésticos
y de iluminación de la casa. Apagar los luces
y los aparatos eléctricos y electrónicos
cuando no los necesitamos, utilizar la lavadora y el
lavaplatos a plena carga y evitar programas de alta
temperatura; son cosas que parecen tan obvias que no
haría falta mencionarlas pero que muchos de
nosotros no hacemos. Con estas buenas prácticas
reduciremos el consumo y también la factura
de electricidad en nuestra casa.
Ahora bien, esto servirá de poco si, en primer
lugar, no se acompaña de la implantación
de verdaderas políticas de ahorro y eficiencia
energética en todos los sectores y, en segundo
lugar, del impulso real de las energías renovables.
Y aquí sí que han de implicarse a fondo
las diversas administraciones y la industria. Es la
hora de cambiar el modelo energético actual,
de gestionar la demanda y no la oferta.
En este sentido, la ciudad de Barcelona dispone de
un Plan de Mejora Energética dónde se
plantean, entre otros objetivos, el fomento de la eficiencia
energética y el uso de energías renovables
y el fomento de la calidad de los servicios energéticos.
Según el análisis del último informe
de la Agencia ( El Contador, año 2006) todavía
queda mucho que hacer por ser más eficientes
y lograr estos objetivos.
Ahora jugamos todos, las empresas distribuidoras invirtiendo
en la mejora de la calidad del servicio eléctrico,
la administración implantando y haciendo cumplir
políticas de ahorro y eficiencia energética
en todos los sectores, y el consumidor aplicando el
ahorro en su casa. Así iremos hacia adelante,
hacia un mejor uso de l’energía.
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