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  Opinión septiembre-octubre 2007
     
  Calidad del servicio eléctrico: el papel de los consumidores  
     
  Cinta Barrachina Bonet
Técnica del Área de medio ambiente de la Organización de Consumidores y Usuarios de Catalunya (OCUC)
 
     
 

El gran apagón de julio en Barcelona ha puesto de manifiesto la debilidad del sistema de distribución eléctrico ante incidentes graves. El lamentable espectáculo de acusaciones mutuas entre los responsables de las empresas implicadas, REE y Fecsa-Endesa, no ha hecho más que aumentar la desconfianza entre los usuarios. Mientras tanto, miles de personas afectadas han tenido que sufrir horas y días sin servicio eléctrico, servicio que, por otra parte, pagamos religiosamente cada dos meses en la factura correspondiente. Y, después, la segunda parte, presentar las reclamaciones por la interrupción del servicio y por los daños y perjuicios ocasionados para cobrar las indemnizaciones correspondientes.

Es evidente que la posibilidad de un incidente, o de un accidente, siempre estará presente; pero en un país como el nuestro que se auto proclama desarrollado y moderno, la capacidad de respuesta ante hechos como éste debe ser mucho mejor y más rápida para minimizar los daños. Esto debe empezar por una buena previsión y por el buen mantenimiento y la renovación de las infraestructuras. ¿Dónde se invierten los beneficios millonarios de las empresas eléctricas, por cierto anunciados al día siguiente del apagón?

Pero no todo acaba aquí. Según los datos de la Agencia de Energía de Barcelona, el consumo de electricidad en la ciudad ha crecido una media del 5% anual en el período 1999 – 2004 y, si no se toman medidas, la tendencia es al alza. Probablemente, la instalación de un gran número de equipos de climatización en los edificios los últimos años, ha contribuido notablemente a este aumento y ha cambiado el perfil de la demanda eléctrica, produciendo picos de consumo en verano.

Ahora que se habla tanto del cambio climático y parece que ya es un hecho aceptado, incluso por la clase política y empresarial, es hora de actuar en todos los niveles para contribuir a minimizar sus efectos. La generación de la electricidad que se consume en la ciudad de Barcelona es responsable del 21% del total de las emisiones de gases de efecto invernadero. ¿Qué papel puede jugar el usuario doméstico para mejorar esta situación?

Como consumidores domésticos a menudo nos pensamos que no podemos hacer nada, que la solución a los problemas de suministro eléctrico debe venir de las empresas y de la administración. Esto es cierto, en parte, pero también cada uno de nosotros debe asumir su responsabilidad. En definitiva se trata de poner en marcha medidas de ahorro y de eficiencia energética en nuestro hogar. Para hacerlo tenemos al alcance opciones diversas, algunas muy sencillas de llevar a la práctica y económicamente asequibles. Pensamos, por ejemplo, en los electrodomésticos eficientes (clase energética A), las bombillas de bajo consumo, el control de la temperatura de los sistemas de climatización, etc., sólo hace falta informarse. También son muy importantes las buenas prácticas de uso de los electrodomésticos y de iluminación de la casa. Apagar los luces y los aparatos eléctricos y electrónicos cuando no los necesitamos, utilizar la lavadora y el lavaplatos a plena carga y evitar programas de alta temperatura; son cosas que parecen tan obvias que no haría falta mencionarlas pero que muchos de nosotros no hacemos. Con estas buenas prácticas reduciremos el consumo y también la factura de electricidad en nuestra casa.

Ahora bien, esto servirá de poco si, en primer lugar, no se acompaña de la implantación de verdaderas políticas de ahorro y eficiencia energética en todos los sectores y, en segundo lugar, del impulso real de las energías renovables. Y aquí sí que han de implicarse a fondo las diversas administraciones y la industria. Es la hora de cambiar el modelo energético actual, de gestionar la demanda y no la oferta.
En este sentido, la ciudad de Barcelona dispone de un Plan de Mejora Energética dónde se plantean, entre otros objetivos, el fomento de la eficiencia energética y el uso de energías renovables y el fomento de la calidad de los servicios energéticos. Según el análisis del último informe de la Agencia ( El Contador, año 2006) todavía queda mucho que hacer por ser más eficientes y lograr estos objetivos.

Ahora jugamos todos, las empresas distribuidoras invirtiendo en la mejora de la calidad del servicio eléctrico, la administración implantando y haciendo cumplir políticas de ahorro y eficiencia energética en todos los sectores, y el consumidor aplicando el ahorro en su casa. Así iremos hacia adelante, hacia un mejor uso de l’energía.

 
     
 
       
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