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Tras dos semanas de sesiones
maratonianas de tira y afloja diplomático, la
13ª conferencia de la ONU sobre el cambio climático
ha finalizado con unos resultados exiguos, pero imprescindibles.
De una parte, la reunión cumbre ha concluido
con un acuerdo o hoja de ruta que debe permitir adelantar
en un tratado que dará continuidad al Protocolo
de Kyoto -a gestarse hasta el 2009 y para ser implementado
a partir de 2012- y, por otra parte, se han aprobado
algunas iniciativas concretas como la creación
de un fondo para evitar la deforestación o el
impulso de otro fondo, de adaptación al cambio
climático, que proporcionará recursos
a las naciones en desarrollo para mitigar el cambio
climático y también para afrontar los
efectos.
A la hora de valorar éxitos o fracasos también
es necesario ser conscientes de dónde estamos,
de quien juega a este juego, y de donde estábamos
hace pocos años. Efectivamente, tal y como ya
han expresado algunos, podemos considerar el acuerdo
final como pobre, por el hecho que no cuantifique ya
ahora la obligación de reducir la emisión
de gases de efecto invernadero como querían la
Unión Europea y los países en desarrollo –la
reducción propuesta por la UE, del 25% al 40%
para el 2020, sólo ha quedado como referencia
en una nota a pie de página en el acuerdo final-.
Pero también puede ser visto como un éxito,
simplemente por el hecho de que los Estados Unidos hayan
aceptado entrar, un poco más, en el multilateralismo
climático de la ONU, yendo más allá de
actuar como simples espectadores o boicoteadores, y aceptando
explícitamente la necesidad de reducir emisiones
en un futuro. Los EEUU siguen sin comprometer-se a una
cifra de reducción de emisiones, pero tampoco
se esperaba demasiado más de una administración
Bush que hasta hace pocos días todavía
cuestionaba las causas antropogénicas del cambio
climático global.
En este sentido, es necesario mencionar que ha sido en
esta reunión cumbre, después de algunas
objeciones minoritarias como las de Arabia Saudí,
dónde se ha adoptado formalmente para la Convención
el cuarto informe de evaluación sobre el cambio
climático elaborado por el Panel Intergubernamental
de científicos sobre el Cambio Climático
(IPCC). Ya no hay marcha atrás ni espacio para
los escépticos o negacionistas: el que hasta ahora
era un informe avalado por la comunidad científica,
ahora también tiene el aval de los gobiernos y
será la referencia para la Convención de
cara a los años futuros. Hoy, como dice la ONU ”negar
el cambio climático es como negar que la tierra
es redonda”.
La ingente tarea del IPCC es un ejemplo
más
que es necesario el esfuerzo de todos para que en estas
reuniones cumbre se pueda ser más ambicioso
cita tras cita. Todo suma, desde el informe del economista
Stern o el posicionamiento de las más de 600
ciudades de los EEUU que sí están en
el camino de Kyoto, hasta la presencia de los pingüinos
humanizados tostándose bajo el sol balinés
y reclamando mediáticamente una acción
urgente para sobrevivir. También el trabajo
de años previos debe servir como referente:
la celebración de los 10 años de la cita
de Kyoto este 2007 pone de manifiesto que el camino
recorrido es largo. Hace 15, en Río de Janeiro
se decía que el desarrollo sostenible debía
afrontar los “peligros del cambio climático” y,
por este motivo, nacía una de las convenciones
ambientales internacionales que ha tomado más
fuerza y relevancia. Ahora en Bali algunos lo dicen
al revés: “protección climática
para un desarrollo sostenible”. Puede expresarse
de muchas maneras, pero no puede quedar sólo
en palabras o titulares.
El barco del multilateralismo climático o sostenibilista
de las “naciones unidas” -y el de los otros
cientos de actores- ha abandonado la isla indonésia
con un aprobado justito, de aquellos que permiten pasar
curso, pero también de los que tienen muchos
deberes para los próximos cursos. Esperamos
que en los próximos meses y años la comunidad
internacional cumpla y sea ambiciosa, que no sea la
de los ¨tú primero¨, sino la de los ¨yo
también¨. Nuestras comunidades y nuestros
respectivos universos individuales y colectivos también
deben cumplir con los acuerdos de Río, de Kyoto
y de los post-Kyoto, el reto que tenemos por delante
lo requiere.
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