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  Opinión enero-febrero 2008
     
  Diplomacia climática en Bali: Acuerdos de mínimos para un reto de máximos  
     
  Toni Pujol
Responsable de relaciones internacionales de la Agencia de Energía de Barcelona
 
     
 

Tras dos semanas de sesiones maratonianas de tira y afloja diplomático, la 13ª conferencia de la ONU sobre el cambio climático ha finalizado con unos resultados exiguos, pero imprescindibles. De una parte, la reunión cumbre ha concluido con un acuerdo o hoja de ruta que debe permitir adelantar en un tratado que dará continuidad al Protocolo de Kyoto -a gestarse hasta el 2009 y para ser implementado a partir de 2012- y, por otra parte, se han aprobado algunas iniciativas concretas como la creación de un fondo para evitar la deforestación o el impulso de otro fondo, de adaptación al cambio climático, que proporcionará recursos a las naciones en desarrollo para mitigar el cambio climático y también para afrontar los efectos.

A la hora de valorar éxitos o fracasos también es necesario ser conscientes de dónde estamos, de quien juega a este juego, y de donde estábamos hace pocos años. Efectivamente, tal y como ya han expresado algunos, podemos considerar el acuerdo final como pobre, por el hecho que no cuantifique ya ahora la obligación de reducir la emisión de gases de efecto invernadero como querían la Unión Europea y los países en desarrollo –la reducción propuesta por la UE, del 25% al 40% para el 2020, sólo ha quedado como referencia en una nota a pie de página en el acuerdo final-. Pero también puede ser visto como un éxito, simplemente por el hecho de que los Estados Unidos hayan aceptado entrar, un poco más, en el multilateralismo climático de la ONU, yendo más allá de actuar como simples espectadores o boicoteadores, y aceptando explícitamente la necesidad de reducir emisiones en un futuro. Los EEUU siguen sin comprometer-se a una cifra de reducción de emisiones, pero tampoco se esperaba demasiado más de una administración Bush que hasta hace pocos días todavía cuestionaba las causas antropogénicas del cambio climático global.
En este sentido, es necesario mencionar que ha sido en esta reunión cumbre, después de algunas objeciones minoritarias como las de Arabia Saudí, dónde se ha adoptado formalmente para la Convención el cuarto informe de evaluación sobre el cambio climático elaborado por el Panel Intergubernamental de científicos sobre el Cambio Climático (IPCC). Ya no hay marcha atrás ni espacio para los escépticos o negacionistas: el que hasta ahora era un informe avalado por la comunidad científica, ahora también tiene el aval de los gobiernos y será la referencia para la Convención de cara a los años futuros. Hoy, como dice la ONU ”negar el cambio climático es como negar que la tierra es redonda”.

La ingente tarea del IPCC es un ejemplo más que es necesario el esfuerzo de todos para que en estas reuniones cumbre se pueda ser más ambicioso cita tras cita. Todo suma, desde el informe del economista Stern o el posicionamiento de las más de 600 ciudades de los EEUU que sí están en el camino de Kyoto, hasta la presencia de los pingüinos humanizados tostándose bajo el sol balinés y reclamando mediáticamente una acción urgente para sobrevivir. También el trabajo de años previos debe servir como referente: la celebración de los 10 años de la cita de Kyoto este 2007 pone de manifiesto que el camino recorrido es largo. Hace 15, en Río de Janeiro se decía que el desarrollo sostenible debía afrontar los “peligros del cambio climático” y, por este motivo, nacía una de las convenciones ambientales internacionales que ha tomado más fuerza y relevancia. Ahora en Bali algunos lo dicen al revés: “protección climática para un desarrollo sostenible”. Puede expresarse de muchas maneras, pero no puede quedar sólo en palabras o titulares.

El barco del multilateralismo climático o sostenibilista de las “naciones unidas” -y el de los otros cientos de actores- ha abandonado la isla indonésia con un aprobado justito, de aquellos que permiten pasar curso, pero también de los que tienen muchos deberes para los próximos cursos. Esperamos que en los próximos meses y años la comunidad internacional cumpla y sea ambiciosa, que no sea la de los ¨tú primero¨, sino la de los ¨yo también¨. Nuestras comunidades y nuestros respectivos universos individuales y colectivos también deben cumplir con los acuerdos de Río, de Kyoto y de los post-Kyoto, el reto que tenemos por delante lo requiere.

 
     
 
       
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