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  A fondo noviembre-diciembre 2003
     
  Energía eólica: la riqueza del viento  
     
 

La energía eólica se prevé como una de las fuentes renovables con más futuro. Últimamente, este tipo de energía se ha desarrollado de manera extraordinaria y actualmente en el mundo ya hay 33.000 MW de potencia fruto de la fuerza del viento. Las ventajas de este tipo de energía son varias: se trata de una fuente limpia y renovable, con un rendimiento económico considerable y con independencia del exterior para su producción. Desde el punto de vista sostenible, la energía eólica significa un paso adelante respecto a las fuentes convencionales. Así, se estima que el impacto ambiental por KWh de la energía eólica es 21 veces inferior al producido por el petróleo, 10 veces menos que el obtenido por la energía nuclear y 5 veces menos que el generado por el gas.

El sistema eólico es, en el fondo, bastante sencillo y recoge la herencia de los históricos molinos de viento para moler trigo o bombear agua. Los aerogeneradores o máquinas eólicas están compuestos por una torre que soporta un elemento móvil –denominado rotor- que capta la energía cinética del viento y, mediante un generador, la transforma en electricidad.

En cuanto a las tipologías de los aerogeneradores actuales, estos se pueden dividir en aparatos de muy baja potencia (menos de 10 KW), baja potencia (entre 10 y 100 KW), media potencia (100 -1.000 KW) y alta potencia (más de 1MW). Los de más baja potencia se utilizan básicamente para el bombeo de agua y para el suministro eléctrico de una vivienda aislada o de un pequeño núcleo rural, mientras que los de más alta potencia se usan en los parques eólicos que se conectan a la red eléctrica.

Antes de construir un parque eólico, hace falta tener en cuenta algunos elementos para su buen funcionamiento, como es la orografía del terreno y las direcciones predominantes del viento, pero también los efectos medioambientales que puede ocasionar la instalación en un lugar determinado: ocupación del terreno, impacto visual, peligro de incendios, ruido, efectos sobre la fauna, etc. En la vertiente económica, la rentabilidad de una instalación eólica depende principalmente de la inversión que se efectúe, de los costes de explotación, de la energía producida y del precio de venta.

 
     
 
 
     
  La situación en nuestro país  
     
 

Europa, con el 70% de la producción, es uno de los principales motores del avance de la energía eólica. Según un estudio reciente del European Wind Energy Association (EWEA), esta fuente renovable disfruta, además, de un amplio apoyo por parte de la ciudadanía, concretamente, entre el 60 y el 80% de los encuestados dependiendo de los países.

Con respecto a España, con 5.000 MW de potencia instalados, se ha convertido en la segunda proveedora de energía eólica del mundo. En términos ilustrativos, con la producción española del año 2002 se ha evitado la emisión a la atmósfera de 8,8 millones de toneladas equivalentes de CO2, se han substituido más de un millón de toneladas equivalentes de petróleo y se ha proporcionado la electricidad necesaria para el consumo de 2.300.000 familias.

Según la Asociación de Productoras de Energías Renovables (APPA), el gran desarrollo de la energía eólica en España de los últimos años tiene mucho que ver con “la política estatal mantenida por varios gobiernos, que ha propiciado un marco normativo adecuado y la convicción de los promotores –un puñado de pioneros hace veinte años-, basada en la posibilidad de enviar toda la energía a la red, en un sistema de apoyo al precio y en el derecho de conexión a la red”.

Desde la perspectiva económica, la energía eólica ha permitido crear en España un total de 47.000 lugares de empleo, y actualmente se está exportando a otros países el know how y la tecnología desarrollada en este sector de vanguardia. En este sentido, la directora general del Instituto para la Diversificación y el Ahorro de Energía (IDAE), Isabel Monreal, opina que “en el año 2002 se ha conseguido uno de los hitos económicos más grandes para cualquier desarrollo tecnológico, puesto que se ha sobrepasado con creces la barrera de los mil millones de euros de inversión”.

En Cataluña el desarrollo de la energía eólica todavía se encuentra en una fase incipiente si tenemos en cuenta su potencial. De todos modos, actualmente hay instalados cinco parques eólicos en territorio catalán que generan una potencia conjunta de 87,65 MW y una producción anual que supera los 216.000 MWh, lo cual equivale al consumo eléctrico de 80.000 familias. Paralelamente, se ha desarrollado una nueva generación de pequeños molinos de viento más eficientes que permite aprovechar la energía eólica para suministrar agua a poblaciones y a explotaciones agrícolas y ganaderas, de las que ya hay más de 600 en el territorio catalán.

Además, Cataluña cuenta con algunas de las empresas pioneras en la Unión Europea, tanto con respecto a la denominada pequeña eólica como al diseño y la construcción de grandes aerogeneradores. Este patrimonio tecnológico ha permitido la expansión de empresas catalanas del ámbito energético en mercados internacionales, gracias a iniciativas como el convenio firmado por el Instituto Catalán de la Energía (ICAEN) con instituciones de Ecuador para evaluar el potencial energético de varias regiones y realizar el diseño básico de nuevos parques en aquel país.

 
     
 
 
     
  Una ojeada al futuro  
     
 

Durante los últimos quince años la tecnología eólica ha experimentado un importante progreso, pasando de las máquinas de potencia unitaria de decenas de kilowatios, simples y a menudo problemáticas, a aerogeneradores de potencia nominal de unos 650 KW y con un diámetro de rotor alrededor de los 45 m.

En el caso de España, ha contribuido a esta evolución -juntamente con la existencia de unos recursos elevados- un marco normativo estable para la producción eléctrica que ha permitido una rentabilidad razonable para los inversores, una vez superada una primera fase de incertidumbre sobre el potencial de la energía eólica.

No obstante, si miramos hacia el futuro, nos encontramos con algunos factores que deberían resolverse para conseguir un desarrollo adecuado de la energía eólica ante la ventaja competitiva de los recursos convencionales. Por un lado, el hecho de que no se incluya en el coste energético de los combustibles convencionales los denominados costes externos sociales y medioambientales; por el otro, las dificultades de conexión a la red eléctrica derivadas de la falta de una infraestructura de evacuación adecuada a los niveles de energía producida o motivadas por una distancia excesiva entre los parques de producción eólica y el punto de conexión a la red eléctrica existente.

A todo esto, se tiene que sumar la compleja tramitación administrativa y las dudas sobre el futuro del sistema de retribución, que en el caso del modelo español ha estado uno de los más eficaces hasta ahora. Técnicamente, el logro de máquinas eólicas más competitivas pasa por el desarrollo de nuevas concepciones tecnológicas en el diseño, la fabricación y la ensambladura de los elementos que integran los aerogeneradores, de manera que no se incremente sensiblemente el peso de las máquinas, se reduzca la emisión acústica y se mejore la calidad de la energía.

En cuanto a los emplazamientos, parece que un camino que se debe explotar es la implantación de parques eólicos en entornos urbanos y el desarrollo de plantas eólicas off-shore con características específicas de plataformas marinas. En la aplicación de la tecnología eólica en el mar, se prevé que se instalarán equipos de potencia entre 2.000 y 5.000 KW, hecho que incrementará la capacidad de generación eléctrica. De ahí que, según la organización ecologista Greenpeace, a medio plazo será aconsejable que no entre a la red la totalidad de esta electricidad generada, para no producir desequilibrios cuando haya carencia de viento, sino que una parte se tendría que transformar para poderse acumular en forma de vectores energéticos limpios, como puede ser el hidrógeno.

En relación a la gestión, la implantación de las energías renovables conlleva, en cierto modo, la descentralización de los centros de producción energética y el fomento de la participación ciudadana en su producción. Un buen ejemplo de esto último son las cooperativas, una realidad presente en países como Dinamarca -dónde más del 90% de los molinos de viento pertenecen a este tipo de gestión participada-, mientras que en España apenas empiezan a aparecer las primeras experiencias en este sentido.

Casos como el éxito de la Middelgrunden Wind Turbine Co-operative de Copenhague, que produce aproximadamente el 3% de la energía eléctrica consumida en la ciudad, hace evidente la necesidad de que las energías renovables se muestren también económicamente rentables para hacer extensivo su uso entre accionistas potenciales y promotores privados.

 
     
 
La energía eólica en Europa (2002)
Pais Potencia instalada (MW)
Alemania 12.001
España 4.830
Dinamarca 2.800
Italia 785
Holanda 588
Reino Unido 552
Suecia 328
Grecia 276
 
     
  Un parque eólico en el puerto de Barcelona  
     
  La Agencia de Energía de Barcelona está trabajando en un proyecto para la instalación de un parque eólico en la nueva bocana del puerto de la ciudad. La previsión es utilizar el muelle adosado y el dique este, con un extensión total de 4.100 m, para ubicar entre 7 y 15 aerogeneradores de 1 MW de potencia cada uno. Después de un estudio preliminar sobre la viabilidad técnica, ambiental y económica del proyecto, la Agencia está realizando actualmente el ajuste final que dependerá, en gran medida, de los resultados de la obtención de datos de viento registrados en el emplazamiento donde está previsto situar el parque eólico y a la misma altitud que las torres que soportarán los rotores, a unos 60 metros.

Respecto al impacto visual y paisajístico, el estudio preliminar indica que “lejos de ser un punto negativo, podría transformarse en el símbolo de un Puerto ‘Renovable’, y fortalecería la imagen global de Barcelona como ciudad sostenible”. El estudio inicial también señala que, aun cuando se debe profundizar más sobre las posibilidades de inversiones y explotación del parque eólico, se debería valorar la opción de crear un esquema participativo en el que los ciudadanos pudieran tomar parte en régimen de cooperativa para lograr una inversión mixta, público-privada.

Según el director-gerente de la Agencia, Antonio Romero, “la ejecución de un parque eólico en el puerto puede constituir una de las pocas posibilidades de implantación de este tipo de energía en la ciudad de Barcelona, contribuyendo así a la reducción de las emisiones locales y globales de CO2 y otras partículas contaminantes”.
 
     
 
   


 
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