Página de inicio Català | English  
   
  La actualidad
  Hemeroteca - Reportaje
 
 
Agencia de Energía de Barcelona
Plan Energético de Barcelona (PMEB)
Ordenanza Solar Térmica (OST)
Sensibilización energética
Actuaciones energéticas

Hemeroteca
Noticias
Reportajes
Entrevistas
Artículos de Opinión
Buenas prácticas

  Reportaje julio-agosto 2007
     
  La contaminación lumínica en España: causas, efectos y soluciones  
     
 

El halo lumínico de Barcelona es perfectamente visible a 300 kilómetros de distancia de la ciudad, es decir, no existe el cielo oscuro alrededor de ese perímetro. Si los niveles de iluminación artificial siguen creciendo al ritmo actual, un 10% cada año, la noche natural desaparecerá por completo en un futuro inmediato. De hecho, la Vía Láctea ya ha sido prácticamente borrada de la bóveda celeste urbana; si la noche es despejada se avistan, en el mejor de los casos, Júpiter y Venus.

Los observatorios astronómicos fueron los primeros en darse cuenta de este fenómeno y movilizarse para combatir la contaminación lumínica en España. La primera medida legal fue la denominada Ley del Cielo de Canarias que, en 1988 permitió la creación de la mejor reserva astronómica de Europa alrededor de los observatorios más importantes de las islas (los de Tenerife y Las Palmas) y de la Oficina Técnica de Protección de la Calidad del Cielo. Las campañas de denuncia promovidas por asociaciones astronómicas y científicas, como la española CelFosc o Dark-Sky Association, a nivel internacional, han sido el motor de los tímidos avances legislativos logrados para la conservación de la noche estrellada.

 
     
   
     
  Una forma de contaminación poco conocida  
     
  Los problemas que genera el exceso de luz proveniente de fuentes artificiales no se empezaron a tener en cuenta hasta la década de los 90, a pesar de que la lumínica es la única contaminación ambiental cuya solución se amortiza a muy corto plazo. Sin ir muy lejos, un estudio piloto realizado en la ciudad de Tàrrega (Lleida) demostró que el ahorro energético obtenido en un año basta para asumir el coste que supone la adaptación de las infraestructuras.

Se entiende por contaminación lumínica la emisión y reflexión hacia la atmósfera de la luz producida en las grandes zonas urbanas por instalaciones de iluminación exterior con un diseño y una orientación que favorece la dispersión de la luz en todas direcciones (rótulos luminosos, farolas, luminarias, fluorescentes). Todo rayo de luz que salga por encima del horizonte es inútil y está malgastado, a pesar de ello, el alumbrado público lanza casi el 60% de su flujo luminoso al cielo. El ahorro anual que se podría obtener en España con una iluminación correcta se calcula en unos 250 millones de euros. ¿Cómo? Según explican los expertos de la asociación CelFosc, mediante medidas muy sencillas y lógicas, como por ejemplo:
 
     
 
  • Evitar los rótulos luminosos en las fachadas de los edificios.
  • Sustituir las farolas tipo globo sin reflector en la parte superior, que derrochan la mitad de la luz proyectándola hacia arriba en lugar de hacia el cielo.
  • Eliminar los faroles y luminarias a la altura de las ventanas de los domicilios particulares.
  • Utilizar lámparas de vapor de sodio de baja presión que consumen la mitad y son menos contaminantes que las de mercurio.
  • Rebajar las potencias y elegir la potencia suficiente, no la máxima.
  • Instalar reguladores de intensidad y sistemas de encendido, como células fotoeléctricas, para asegurar que el alumbrado no permanece encendido durante las horas de luz natural.
 
     
  Cómo nos perjudica la sobreiluminación  
     
  Tantos kilowatios lanzados al cielo para nada suponen un alto coste económico que, de evitarse, significaría un 25% de ahorro en nuestra factura de la luz. Pero este derroche energético no es el único precio que pagamos por ello. Otras de las consecuencias nefastas de la contaminación lumínica son:  
     
 
  • • Generar una falsa sensación de seguridad por sustentarse en un modelo luminotécnico basado en la concepción errónea de que el exceso de luz aumenta la visibilidad y la seguridad ciudadana. “Nadie parece pensar en el hecho elemental de que el alumbrado de calles y carreteras debería diseñarse de acuerdo con las peculiaridades de nuestra visión nocturna”, advierte Carlos Herranz, físico y presidente de CelFosc. Las luces de la ciudad deslumbran porque son excesivas (suelen utilizarse lámparas de 250 vatios) e inciden directamente sobre el ojo, impidiendo sus funciones de visión nocturna a pleno rendimiento. Sería mucho más efectivo aplicar un modelo de alumbrado progresivo, dando al ojo el tiempo necesario para adaptarse a la oscuridad cuando se entra o se sale de ella.
  • Producir alteraciones en la salud humana causadas por la intromisión de la luz de la vía pública en las viviendas particulares. Aunque los estudios al respecto son todavía muy escasos, se ha constatado que la presencia de luz cuando queremos dormir interrumpe el ciclo del sueño, estrechamente vinculado al de la luz natural. Insomnio, fatiga, nerviosismo son algunos de los síntomas que padecen muchos ciudadanos expuestos a la entrometida presencia de una farola frente a las ventanas de sus dormitorios. Los expertos en leyes recuerdan que es un derecho constitucional poder vivir en unas condiciones de sosiego público, en un entorno urbano sin ruidos, olores ni emisiones lumínicas molestas.
  • Agredir la flora y la fauna nocturnas. El deslumbramiento producido por la luminosidad artificial causa desorientación en las aves, provocando incluso su muerte durante sus desplazamientos nocturnos. Un exceso de luz altera los ciclos de ascenso y descenso del plancton del mar, del que se alimentan las especies marinas de la costa, y también incide sobre los ciclos reproductivos de los insectos. Más del 90% de las especies de lepidópteros son de costumbres nocturnas y de su existencia dependen muchas especies de plantas con flores que se abren de noche, así como multitud de depredadores, desequilibrando la base de la cadena trófica.
 
     
 
 
     
  ¿Qué dice la ley?  
     
  A diferencia de países como la República Checa, uno de los pocos que en Europa cuentan con una normativa nacional contra este tipo de contaminación, en España no tenemos una ley de alcance estatal, lo cual no ayuda a regular el problema. Las ordenanzas municipales o planes autonómicas vienen a llenar este importante vacío. Sin embargo, “nuestras leyes locales no son tan modélicas como las que rigen, por ejemplo, en la mayor parte de las regiones de Italia” –apunta Carlos Herranz-. “Establecen pocas prohibiciones o medidas concretas que se puedan aplicar ya, y las que establecen son insuficientes para cumplir los fines legales, y en algunos casos contraproducentes desde el punto de vista físico, como permitir la emisión de luz por encima de la horizontal: en Cataluña se permite hasta el 50%; en Navarra, un 25% y, en Cantabria, hasta el 15%”.

La primera ley autonómica en España fue la catalana Ordenación Ambiental del Alumbrado para la Protección del Medio Nocturno, establecida en 2001. Esta norma supuso un gran paso adelante, pero hoy es objeto de algunas críticas por parte de la asociación CelFosc, básicamente por “establecer una zonificación muy permisiva sobre todo en zonas de especial protección, desapareciendo la salvaguarda que ofrece en una franja de entre 2 y 5 kilómetros alrededor de los parques naturales. Tampoco ha previsto la creación del fondo económico necesario para modernizar las infraestructuras locales de iluminación”, expone el presidente de esta asociación.

A la ley catalana, le siguieron otras normativas autonómicas (Baleares, Cantabria y Navarra) y diversas ordenanzas municipales (en ciudades como Santander, Burgos, Córdoba, Castro Urdiales, Tàrrega y Figueres). Más allá de estos tímidos avances, en algún cajón de la UNESCO espera respuesta la petición que en 2004 hiciera un colectivo de 40 instituciones científicas españolas para declarar el cielo oscuro Patrimonio de la Humanidad. Alugnos expertos opinan que la situación es grave, siendo necesario que los avances legales para asegurar su protección sean más ágiles. Sino, pronto, ni un telescopio será suficiente para alcanzar las estrellas.
 
     
   
     
  Origen de las imágenes y más información:  
     
 

CelFosc: http://www.celfosc.org

Herranz Dorremochea, Carlos. Contaminación lumínica. Gorosti (Quaderns de Ciències Naturals de Navarra), 1996.

International Dark-Sky Association: http://www.darksky.org

Instituto de Astrofísica de Canarias: http://www.iac.es

 
     
 
       
    Listado de Reportajes  
       
       
Centro de Información de la Agencia: Pg. Salvat Papasseit, 1 · 08003 Barcelona · Tel. 93 256 44 30 · agencia@barcelonaenergia.cat