La
energía es un recurso imprescindible para que pueda
existir vida en nuestro planeta. Necesitamos energía
para movernos, para comunicarnos, para la iluminación
y climatización de nuestros hogares, para la fabricación
de bienes, etc...
Para realizar cualquier acto que implique
un cambio (un movimiento, una variación de temperatura,
una transmisión de olas, etc.), se necesita la
intervención de la energía. Por tanto,
podríamos definirla como una propiedad de todo
cuerpo o sistema, gracias a la cual, éste se puede
transformar modificando su situación o estado,
así como también puede actuar sobre otros
cuerpos o sistemas provocando procesos de transformación.
Esta propiedad se manifiesta de modo diferente: son las
diversas formas de energía: química, nuclear,
potencial, cinética..., transformables las unas
con las otras.
El hombre es el ser vivo que más modifica el
medio y lo hace adaptable a sus necesidades, y la gestión
de la energía es la base de su economía.
Así, la industria textil catalana se concentró y
desarrolló, a lo largo del siglo XIX, alrededor
de las cuencas hídricas de nuestro país:
el aprovechamiento humano de la energía siempre
comporta un cierto impacto en el medio, desde la construcción
de un pequeño embalse hasta una gran presa, o
desde un molino de viento hasta un parque eólico;
siempre hay una transformación del territorio
y un cierto impacto ambiental.
Ahora bien, el actual modelo energético, basado
en la quema de combustibles fósiles y en la energía
nuclear, es insostenible. Este sistema centrado en las energías
no renovables conlleva una serie de problemas de
difícil solución: la contaminación
ambiental, la dependencia del exterior por parte de los
países no productores de energías fósiles,
el agotamiento en un periodo relativamente corto de las
reservas mundiales de petróleo, carbón
y gas, o la generación de residuos radiactivos
y la posibilidad de accidentes nucleares.
La sociedad
actual utiliza la energía como
si no existieran límites, pero sí que
existen. En este sentido, uno de los mayores problemas
ambientales a los que el mundo se enfrenta es al cambio
climático, a lo que la comunidad internacional
ha reaccionado, como primer paso, asumiendo un compromiso
de reducción de las emisiones de gases de efecto
invernadero a través del Protocolo de Kyoto.
Pero a pesar de su importancia, el cumplimiento de Kyoto
no es una solución suficiente: tenemos que pensar
que tres cuartas partes de las emisiones de CO2 en la
atmósfera son debidas a la quema de combustibles
fósiles. La única alternativa a este modelo
se encuentra en el fomento de las energías
renovables y supone implicar a la ciudadanía
y hacerla consciente del papel tan importante que puede
jugar a través del ahorro y el uso racional de
la energía.
La suma de los hábitos cotidianos en el consumo
de la energía por parte de todos nosotros también
se hace sentir directamente o indirectamente en el
medio, ya sea agotando recursos, incrementando la producción
de residuos, etc. Por esto es importante tomar conciencia
de este hecho y adoptar unos hábitos
respetuosos con el medio ambiente y con nosotros
mismos. |
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