
El cambio hacia un nuevo modelo energético conlleva
una serie de medidas globales que deben subordinar los
intereses económicos a los intereses del medio
ambiente y, por lo tanto, a la calidad de vida de las
personas y las futuras generaciones.
Ahora bien, estas
medidas globales no pueden obtener su efecto completo
sin un cambio en el comportamiento
de cada individuo que lo lleve a utilizar la energía
de forma racional en sus actividades cotidianas. Esta
conducta responsable en el uso de la energía se
puede lograr de forma sencilla, a través de una
serie de hábitos que no implican renunciar a nuestra
calidad de vida y que, además de suponer un importante
ahorro económico, contribuyen a la conservación del medio
ambiente.
Es cierto que estas medidas de eficiencia
y ahorro energéticos
pueden parecer insignificantes, pero son precisamente
las pequeñas acciones individuales y colectivas
las que desencadenan los grandes cambios

|