Nikola Tesla: polivalencia eléctrica personificada

Nikola Tesla: polivalencia eléctrica 

¿Inventor, ingeniero o coche? ¿Cuál de estas cosas es Nikola Tesla? No te sorprendas, lo sabes bien ¡las tres!

Nikola Tesla nació en Smiljan (actual Croacia) en julio de 1856 y desde muy joven se sintió atraído por la ciencia y la técnica. Tanto que estudió ingeniería eléctrica. La decisión fue más que acertada y terminó trabajando en París en una de las empresas de Thomas Alva Edison, donde hizo dos de las aportaciones que harían cambiar el transcurso del mundo contemporáneo: la teoría de la corriente alterna y el primer motor de inducción.

Pero volvamos a los años ochenta del siglo XIX, un tiempo en que en España se puso la primera piedra de la Sagrada Familia (1882), en los Estados Unidos de América se inauguró el puente de Brooklyn (1883) y en Dinamarca nacía el físico Niels Bohr (1885). Eran años de esplendor y Tesla se trasladó a los Estados Unidos en busca de fortuna. El magnético ingeniero no tardó en ser contratado para trabajar en la sede central de la empresa Edison Machine Works, donde se convirtió en un trabajador destacado, tanto, que se vio con ánimos de discutir con el mismísimo Thomas Edison. ¿El motivo? Edison prometió a Tesla 50 000 dólares si conseguía mejorar el rendimiento de los generadores de la compañía. No obstante, una vez logrado el objetivo, nuestro protagonista no se embolsó ni un dólar.

Esta pelea desembocó en la llamada Guerra de las corrientes y provocó la salida de Nikola Tesla de Edison Machine Works para abrir su propio laboratorio en Manhattan. Fue precisamente aquí donde aplicó su teoría de la corriente alterna y patentó el primer motor que utilizaba esta tecnología, iluminó recintos de gran envergadura y demostró que la electricidad aplicada a un uso doméstico no era tan peligrosa como se creía en aquella época. Esto fue lo que dio lugar al fin de la Guerra de las corrientes.

Nuestro polifacético protagonista inició la última década del siglo XIX en pleno apogeo profesional. De mentalidad muy curiosa, investigando descubrió cómo transmitir energía a grandes distancias con un efecto de resonancia que no requería cables. Sin saberlo, abrió la puerta a lo que tres años después permitió a Guglielmo Marconi patentar y comercializar la radio. Evidentemente, esto no agradó a Tesla, quien inició una serie de litigios contra Marconi para demostrar que el italiano se había aprovechado de sus investigaciones. Hasta su muerte no se reconoció que Nikola tenía razón.

A partir de aquí, la figura de Tesla cayó en desgracia. A una serie de accidentes en su laboratorio, como un incendio y un terremoto que le obligaron a mudarse de Manhattan a Colorado Springs, se sumaron el descrédito y las críticas infligidas por unos detractores que tildaban sus teorías de excéntricas. Los trastornos obsesivos y la fobia que desarrolló hacia los gérmenes tampoco le ayudaron mucho. Aunque en 1931 recibió la medalla Edison por su trayectoria como ingeniero, pasó los últimos años de vida arruinado por los litigios que mantenía y tratando de desacreditar las teorías de Albert Einstein. El «motor» de Nikola Tesla dejó de funcionar un 7 de enero de 1943 en el hotel de bajo coste donde vivía.

Hasta ahora nos hemos adentrado en la vida del Tesla inventor e ingeniero, pero ¿qué ocurre con la relación de Tesla con el automóvil? ¿Por qué hemos dicho que también es un coche? Nos despedimos del genio con una curiosa anécdota: durante la recta final de su vida, trabajó ni más ni menos en el diseño… ¡de un coche volador!

 

Tesla, el ingeniero e inventor olvidado

Nikola Tesla fue uno de los inventores que más aportaciones hizo al mundo contemporáneo. Se calcula que registró más de 500 patentes; sin embargo, fuese como fuese, sus méritos no se reconocieron hasta después de su muerte y, lamentablemente, murió solo, pobre y sin el reconocimiento realmente merecido.

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